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Contrato para la práctica profesional: qué cambia con el Real Decreto 1065/2025 y cómo organizarlo bien

El contrato para la práctica profesional exige un puesto coherente con la titulación, plan formativo individual y tutoría real; el nuevo reglamento de 2025 refuerza ese enfoque.

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Qué conviene tener claro

El contrato para la obtención de la práctica profesional sigue generando dudas porque a veces se confunde con una mera contratación temporal para puestos de entrada. Sin embargo, su sentido legal es distinto: permitir adquirir práctica profesional adecuada al nivel de estudios o formación previamente obtenidos.

El Real Decreto 1065/2025 ayuda a ordenar mejor esta modalidad y refuerza una idea básica: la empresa debe poder demostrar que el puesto, el plan formativo y la tutoría están alineados con el objetivo profesional del contrato.

Qué dice la fuente oficial

La información oficial del SEPE recuerda que el puesto debe permitir la obtención de práctica profesional adecuada al título, que la empresa ha de elaborar un plan formativo individual y que debe asignarse una persona tutora con formación o experiencia adecuadas. También exige formalización escrita con identificación expresa de titulación, duración y puesto.

La duración ordinaria se mueve entre seis meses y un año dentro de los límites legales o convencionales. Ese margen temporal no convierte el contrato en un periodo de prueba prolongado, sino en una ventana para adquirir habilidades y capacidades que deben poder describirse.

Cómo bajarlo a la operativa diaria

En la práctica conviene diseñar el puesto como itinerario y no solo como necesidad de cobertura. Si la persona contratada repite tareas rutinarias sin acompañamiento, sin objetivos y sin progresión, la empresa tendrá difícil explicar qué práctica profesional específica estaba facilitando.

También hay que vigilar la trazabilidad. El plan formativo debe tener contenido útil, la tutoría debe dejar huella y la jornada debería ser compatible con un seguimiento real de la evolución del puesto.

Puntos que merece la pena dejar cerrados

  • Comprobar que la titulación o certificado habilita realmente para la actividad que se va a desarrollar.
  • Definir un plan formativo individual conectado con el puesto y no genérico.
  • Asignar tutoría efectiva y revisar hitos de aprendizaje durante la duración del contrato.
  • Formalizar por escrito todos los elementos esenciales exigidos por la norma.
  • Evitar que el contrato se convierta en una simple cobertura temporal de bajo coste.

Errores frecuentes o zonas grises

  • Cubrir un puesto que nada tiene que ver con la titulación o el itinerario formativo de la persona contratada.
  • Redactar planes formativos vacíos que no sirven ni para orientar ni para acreditar aprendizaje.
  • Prescindir de la tutoría real y limitarla a una firma inicial.
  • No revisar si la duración, prórroga o contenido siguen teniendo sentido profesional con el paso de los meses.

Cómo ayuda una herramienta bien implantada

FicharNet puede ayudar a registrar la jornada, incidencias y tiempos de actividad de manera ordenada, algo útil para encajar la operativa diaria con el plan previsto para el contrato.

Cuando el seguimiento del puesto y la jornada están alineados, es más fácil demostrar que la relación respondía de verdad a una finalidad formativa y profesional.